Me sentí una adulta, una escritora, una intelectual se podría decir. Las palabras salían como moco aguado en la primera etapa del resfrío. Cuántas palabras, cuantas ideas, cuanto café y té y cucharita revolviendo, tin, tin, tin.
Que bien se siente volver a escribir, en un papel con renglones, en uno sin, en servilletas, en la pared, en viejos tickets de cafés ya bebidos, en el blog, en la mano, en la mente...
Que alivio, que hombros flojos, que mente liberada. Que lindo aire, que lindo cielo sin nubes, que lindas las hojas que caen de los árboles, amarillas, marrones, y hasta algunas que no quieren esperar a envejecer y se desprenden de las ramas aún estando verdes, inmaduras. Que distinto que se ve todo. Será el café, tanto café, no milk, two sugars, please. Que linda música, I'm looking through you, where did you go?
Y que lindo volver a leer. Palabras, palabras, palabras. Cortázar en inglés es muy raro, faltan ches, vos, laputaqueteparió, y las cosas son tan. Pero en la biblioteca solo hay uno de Julio, y la librería que está de liquidación no tiene ninguno, ni uno ¿podés creer? Extrañaba a mi escritor favorito y los que me traje a esta isla ya los leí, lo necesitaba, a Jules, lo necesitaba leer, a ese cronopio, ese enormísimo cronopio, axolotl que pega la cara contra el vidrio del acuario y piensa como un humano, pero es un axolotl.
Un año pensando y me cansé, basta de pensar. Basta, basta que hace mal.