martes 8 de diciembre de 2009

PARA NADA ESTIMADO WINDOWS:

Usted y todos sus derivados se pueden ir bien a la reconcha de su madre.


Desde ya muchas gracias.

Atte.


      Adri



Si, mi compu no quiere funcionar y estoy en el asqueroso cyber... hasta que se arregle mi compu.

Saludos

sábado 28 de noviembre de 2009

Sigo sin saber qué carajo escribir.

                        Sepan disculpar.


                                        GRACIAS

jueves 5 de noviembre de 2009

También hay ríos metafísicos.




 Como escribí en otro de mis textos, (posts, llamalo como quieras) explicarme, explicar los abstractos pensamientos que invaden esta cabecita mía me resulta un trabajo pesado. Pero a veces no queda otra, porque así nomás la gente, no sé, ustedes quizá, no van a entender todo mi nonsenerío. 
  Esta vez vengo a explicar lo cortazariano que resulta todo lo que escribo. Tampoco me voy a halagar, porque nada que ver lo que escribo con la genialidad de Julio, nada, pero la similitud está y tiene su razón.
 La cuestión es la que sigue: no es que yo le plagie a él, es que él me plagia los pensamientos. Resulta que yo estoy pensando en una cosa, lo que sea, abro un libro de Jules y ¡zas! eso mismo que pensaba mas temprano o en el mismísimo momento en que abro el libro se encuentra impreso en la página 93, o 55, o 113 de la edición de Alfaguara o de Alianza Editorial. Por poner un ejemplo, un domingo me subo en el metro (subte, tube, underground, subway) y empiezo a sentir olor a menta o a pis, y dejá que pasen algunas palabras u oraciones que Polanco dice (¿era Polanco?) ''Este subte huele a menta'' u Oliveira piensa ''...lo único que me va salvando es el olor a pis de este chico''. O como la otra tarde que iba en un tren hasta la estación South Quay, abro Rayuela para empezar a leer el capítulo uno y ya en la segunda oración me choco de lleno con un arco que da a Quai de Conti. Cosas así.
  Y es que pasan todo el tiempo, y no puede ser, che. Como si fuera poco el tipo hablaba de esas casualidades tan a menudo como me suceden a mi con sus libros, como en las primeras lineas de 62/Modelo para armar en el que Juan abre un libro en cualquier página y justo el comensal gordo pide un castillo sangriento. Ese tipo de cosas.

 Y claro, yo no me quiero poner reiterativa o rompepelotas con el tema Cortázar, pero es que me sigue desde que leí ''La Isla al medidía'' aquel otoño hace seis años. Me sigue y me topo con un libro que no había leído antes y resulta que todo lo que dice o la mayoría de lo que dice es básicamente lo que yo pienso y creo.  Es como si, no sé, vieron que digo que no me sé explicar... entonces encuentro en la obra de Cortázar todos mis pensamientos explicados. Es maravilloso.

  Y tengo empiricamente comprobado que de cada libro de él que leo, salen de mi entre cuatro y seis textos legibles. Lo que es bueno, pero temo caer en el plagio.
 Así que ustedes, por favor, diganmé, seanmé sinceros y haganmeló saber si ven entre lo que escribo, demasiado, demasiado Cortázar...

martes 20 de octubre de 2009

De ómnibus rojos y besos en inglés




  Hay cierta secuencia de cosas que me persigue a cualquier parte que voy. Es casi inevitable ya, para mi, ver pasar un ómnibus numerado 148 en cualquier ciudad que recorro.
  En Londres no creo haberlo tomado nunca, en Montevideo me llevó a muchos sitios y lo ví pasar en Buenos Aires, en algunas ciudades de Brasil y en Barcelona si no me equivoco.
  Después están los carteles luminosos de Renault, los McDonald's y los Starbucks y me pregunto qué estoy haciendo. Salvo la arquitectura y los idiomas, todo me resulta tan igual, la gente y su ropa y sus risas falsas. El tono de las risas y sus acentos pueden variar, sí, por el idioma, comprenderás. Hay risas en inglés, en portugués, en español y en ríoplatense, pero siguen siendo falsas.
  Este sitio me gusta porque la música es suave (no como la del sitio anterior, del que vengo, que no se podía ni pensar) y porque allá al fondo -que es en realidad la entrada- se ven entre las cabezas las ventanas que dan a la calle por la que pasan esos buses rojos de dos pisos tan característicos de la ciudad.
  Al principio me emocionaba ir en el piso de arriba, subir esa escalerita angosta y sentarme en el asiento de adelante a mi izquierda. Sentía que volaba a pocos metros del asfalto y que la ciudad y sus calles eran mías. Pero después, ayer para ser exacta, vi el parabrisas de uno de esos ómnibus hacerse añicos tras darse de lleno contra otro bus y pensé que mejor no lo hago más. No es que tenga miedo, pero no sé. En realidad sería hasta emocionante. Supongo que siempre estamos esperando que nos pase algo así, algo terrible que nos saque de la rutina de trasladarnos en un ómnibus, poder decir (si se ha salido vivo, claro está) que llegué tarde porque chocamos, el ruido fue espantoso, la gente gritaba, etc.
  Mejor ni pienso en eso, mejor sigo haciendo como siempre hago y me olvido del choque, y si me pasa que me agarre de sorpresa y así seguimos.
 Hay cosas que es mejor no saber. Por ejemplo, jamás quisiera enterarme que encontraste otro diccionario andante, como me solías llamar tan dulcemente. Pero en el fondo (y no tan en el fondo) no me molestaría que te enteraras de que yo si encontré, no un diccionario, ¿cómo te llamaba yo a vos cuando te hacía cariñitos? ¿mi flaquito lindo era? Sí, otro flaquito lindo, que es completamente lo contrario a vos, que hizo cosas que vos jamás hiciste ni harás, con el que hago cosas que nunca hice con vos. No sé, sentir tus celos desde la distancia, saber que aún queda algo de mi en vos, mi... no, mejor no te digo nombres porque no corresponde, porque estoy siendo terriblemente cruel al confesarte todas estas cosas, mi... no te digo nombres, no me lo permitas.
  Pero vos y yo sabemos que no es lo mismo, creo. Además estoy confundida y no sé, no entiendo nada y todo parece irreal y falso y creo que él siente igual.
  Aunque es él siempre el primero en sacar mi mano de la profundidad del bolsillo de mi campera  para envolverla con la suya y me mira con esa cara de please kiss me before I do y yo le respondo con un beso en el pómulo derecho o en la ceja y le sonrío. Pero juro que mis sonrisas cuando estoy con él son las de verdad, de esas que son mas bien para mi misma, de esas que ponen cierta distancia. Y creo, no lo sé bien, que esa distancia, y esa leve indiferencia que le muestro cuando no lo llamo ni le escribo durante dos días seguidos, o le cuento que el domingo tuve un lovely day sentada sola en un Café leyendo, escribiendo y haciendo dibujitos en post-its, etc. Creo (¿o tal vez quiero creer?) que le gusta, que le hace querer volver a verme. Porque cuando me despido de él en la plataforma de la estación de tren (sí, me acompaña hasta allí, que gentleman con tapado azul) le digo see you soon, y esa incertidumbre, ese suspenso que queda en el aire y en la despedida es, también para mi, sumamente atractiva.
  Pero yo lo trato bien, y él a mi. A saber: le doy servilletas naranjas para que se suene la nariz, le regalo canciones, las que él me pida, y le digo cosas lindas. Y se las digo sinceramente, casi tanto como te las decía a vos.
  Me mirás con una cara. Supongo que logré mi propósito y ahora estás celoso. Qué mala que soy, terriblemente mala. Y ahora no puedo deshacer nada porque ya está todo dicho, peor aún, está todo escrito.
  Sabrás disculparme, con tu condición de estudiante de esa materia que no quiero nombrar, siempre me dijiste que tenía que canalizar (esa palabra que tanto te gustaba decir, que seguramente la escuchaste de tu psicóloga) y decir lo que siento sabiendo lo mucho que me cuesta y cómo se me hace un nudo en la garganta cuando lo intento, y ahora lo estoy haciendo excelentemente, como nunca lo hice en la vida. Ahora me vas a odiar y reprochar, siempre lo hiciste cuando al fin lograba sacar mi alma afuera, me decías que te hería con lo que decía y yo te pedía perdón y te acariciaba el pelo. Pero es tu culpa, ahora lo sé, y es injusto también, porque yo siempre intenté comprenderte cuando era tu turno de hacerlo, y siempre te comprendí. Pero vos no, y por eso creo que (nunca te lo dije, por miedo y por no tener ganas de pedir perdón) que cometiste un gran error al seguir la carrera que elegiste seguir, porque sos cerrado y terco.
  Ahí va, miralo, otro ómnibus rojo de dos pisos, miralo que curioso.
  Esta borra de café es un verdadero asco, pero yo ya vomité todo lo que tenía que vomitar. Y ahora me voy a comprar jabón, que se terminó.

lunes 19 de octubre de 2009

Sticky Fingers - Rolling Stones (y otras cosas)



  Este metro huele, definitivamente, a menta, y solo por eso todo cobra sentido.
  Pero al final no me respondiste a mi pregunta, al menos no con palabras. Lo pude ver en tus ojos, la respuesta quiero decir. Después me dio miedo volver a preguntar porque, no sé, esas preguntas se hacen una vez, o al menos se espera un tiempo, unos días, unas semanas. Pero igual me hice una idea, ya sabés, todo eso de que los ojos son las ventanas del alma y demás cursilerías.
  En lo que a mi respecta, me gusta tener ese pase diario que me permite viajar en metros, trenes, buses, y demás medios de transporte público a cualquier rincón de Londres dentro de las cinco zonas, of course. A veces cuando estoy volviendo a ese sitio que no tengo otra que llamar hogar en la District Line me gusta hacer una corta parada en Earl's Court, salir, traspasar las puertas (bip) y ver la noche desde ese punto de la ciudad. Después vuelvo a bajar a la estación y vuelvo a las entrañas de ese dragón verde que viaja por el tiempo y el espacio con tanta naturalidad que me da envidia.
 Aunque sobre todo me da un poco de ansiedad, porque no sé, a menudo se detiene y las luces tintinean un poco y da miedo de que no vuelva a moverse. El dragón. Verde. Que hoy huele a menta y suena a Sticky Fingers, mind the gap, y la Waterloo & City Line no está en funcionamiento en ninguno de los sentidos, disculpe las molestias causadas.
  Me pregunto por qué te dio tanto miedo responder a la pregunta. Ya sé, no es facil, pero a la vez es simple y no se pierde demasiado. Conmigo no te tenés que preocupar, no me sorprende casi nada y lo comprendo casi todo. Además soy todo oídos. Aunque no entendí aquello que dijiste, ese lugar que mencionaste cuando te di ese post-it con un dibujito y te dije que era tu ticket para ir anywhere you want to go. Escuché, sí, pero no entendí. A veces no te entiendo y lo sabés. Es que hablás muy rápido y no estoy acostumbrada a tu idioma, sepa entender.
   Es curioso, pero este otro metro también huele a menta, ¿seré yo? No, no puede ser. Yo estuve en el parque comiendo mandarinas. Nada relacionado con menta. Tal vez desde que leí en algún sitio que un metro (subte para ser exacta, decía subte como le dicen los argentinos, yo le digo metro por costumbre, porque en Uruguay no hay y me acostumbré al término español) olía a menta y ahora me sigue a cada metro (subte, underground, tube) en los que viajo.
  Lo pasamos bien en el parque, ¿no? con caricias y besos y manos frías. El lago con patos y cisnes, (que probablemente sean gansos) el silencio de a ratos y we should get a place for when the winter comes, porque el frío nos va a aplastar (aunque si tenés razón, ahora sentimos frío porque recién empieza, que después nos vamos a acostumbrar y no va a ser para tanto ¿viste como te escucho?) y pronto empezará a oscurecer mas temprano. Pero a mi eso de hacer planes, no sé, mi inglesito de tapado azul, soy mala para los planes... y le robo las palabras a Tell  y te digo que ''Qué suerte que no te quiero demasiado, bonito, que suerte que soy libre, que te doy mi tiempo y todo lo que te gusta sin importarme demasiado...''
  Lo bueno de este metro es que me bajo en destino y que sigue oliendo a menta un poco mezclado con mandarina. Como me bajo en destino puedo soñar despierta a mis anchas, con lo que me gusta soñar despierta. Ahora mismo te cuento que sueño un poco con una taza de té. Estoy pensando en la taza mas grande que hay en la cocina, esa de corazones azules. Un té que naturalmente se va a ir enfriando antes de que lo termine, porque me voy a distraer como siempre lo hago. Con dos de azúcar, ya sabés. Dos. Y un poquito de leche.

domingo 18 de octubre de 2009

Soy tan.


   
Te escribo desde tiempos distintos. A ver si me explico. A ver si me obligo a explicarme, porque esto de explicar se me da muy mal, (a veces pienso que mis pensamientos son tan abstractos, en mi mente, que es practicamente imposible ponerlos en palabras) pero lo intentaré.
    Yo ahora estoy aquí, en este tiempo y espacio, en Londres y afuera hace frío. La noche está hermosa y huele a comida china. Pero vos vas a leer esto y no sé, tal vez estés disfrutando de un caluroso día de verano, tal vez estés bebiendo un licuado de durazno o una taza de cocoa fría con dos de azúcar, o quizá tres.
   Desde este tiempo, entonces, te escribo porque no sé, porque es domingo y hoy caminé por King's Road con paso lento y la mirada en las páginas llenas de palabras de 62/ Modelo para armar. Y me dí de lleno contra sillas de los Cafés, si. Porque vi un pajarito muy lindo y simpático que cantaba como alegre posado en la rama de un árbol que está en un callejón que tiene un encanto que notecuento, que es como estar en un libro escrito en el siglo XIX y que habla de Londres una afternoon de principios de otoño. Porque tomé té en un Café, dos tazas, y con leche, como lo toman acá. Porque cuando me desperté comí pizza casera y después escuché un par de temas de Lou Reed. Porque más tarde me senté en otro Café y tomé más té mientras escribía pequeños pensamientos que surgían en mi mente en un post it.
  Y no sé bien por qué te escribo, quizá porque huele a comida casera y yo cometí el error de decir ''No, thank you, I've already eaten'' y ahora me tengo que distraer con algo, porque me va a dar un hambre bárbara y huele tan bien. O quizá por tanto Polanco, Calac, Juan, Celia, Hélène, Marrast, Nicole, que se escriben todo el tiempo, y se mandan cartas y muñecas y piedras de hule para tallar, y no sé, puede que esté adentro del libro y medio que me haya convetido en un personaje más, tal vez yo ahora sea el caracol Osvaldo del paredro, de uno de los paredros. Tal vez esté juntando corazones que laten en la plaza y que están llenos de hojas.
  Perdoná, de verdad, esto no debe tener ningún sentido para vos. Lo que pasa es que es domingo, y los domingos y el underground en el que volví a casa me ponen así, incoherente y tonta. A veces soy tan.

jueves 15 de octubre de 2009

Retorno


  Oh, oh. ¿Qué pasó? ¿Volvimos? Oh. Un poco de tiempo libre esta tarde, dos horas metida en una cafetería, dos tés, dos cafés, todo de lo grande. Mucha energía, estoy electrica, café, café, café. Escribí una carta de diez páginas hasta que se me desarmó la mano, hasta que no me quedó mas plata para mas bebidas calientes, hasta que se me terminaron las ideas, hasta que la tinta empezó a palidecer, hasta que empecé a notar en las caras de los empleados que me querían echar -que ya está che, que ya estuviste dos horas acá metida, andate, cucha- hasta que mi vejiga empezó a pedir auxilio.
 Me sentí una adulta, una escritora, una intelectual se podría decir. Las palabras salían como moco aguado en la primera etapa del resfrío. Cuántas palabras,  cuantas ideas, cuanto café y té y cucharita revolviendo, tin, tin, tin.
 Que bien se siente volver a escribir, en un papel con renglones, en uno sin, en servilletas, en la pared, en viejos tickets de cafés ya bebidos, en el blog, en la mano, en la mente...
 Que alivio, que hombros flojos, que mente liberada. Que lindo aire, que lindo cielo sin nubes, que lindas las hojas que caen de los árboles, amarillas, marrones, y hasta algunas que no quieren esperar a envejecer y se desprenden de las ramas aún estando verdes, inmaduras. Que distinto que se ve todo. Será el café, tanto café, no milk, two sugars, please. Que linda música, I'm looking through you, where did you go?
 Y que lindo volver a leer. Palabras, palabras, palabras. Cortázar en inglés es muy raro, faltan ches, vos, laputaqueteparió, y las cosas son tan. Pero en la biblioteca solo hay uno de Julio, y la librería que está de liquidación no tiene ninguno, ni uno ¿podés creer? Extrañaba a mi escritor favorito y los que me traje a esta isla ya los leí, lo necesitaba, a Jules, lo necesitaba leer, a ese cronopio, ese enormísimo cronopio, axolotl que pega la cara contra el vidrio del acuario y piensa como un humano, pero es un axolotl.
  Un año pensando y me cansé, basta de pensar. Basta, basta que hace mal.